El gran reto de las ciudades andaluzas: ser productivas y sostenibles

El gran reto de las ciudades andaluzas: ser productivas y sostenibles

“La sostenibilidad urbana no es una opción, es el camino para garantizar ciudades más humanas, eficientes y resilientes.” — Estrategia Andaluza de Sostenibilidad Urbana, Junta de Andalucía.

En un contexto marcado por el cambio climático, la digitalización y los desequilibrios territoriales, las ciudades andaluzas se enfrentan a un reto decisivo: ser productivas y sostenibles. Esta dualidad, lejos de ser contradictoria, se convierte en la fórmula clave para garantizar el bienestar de sus habitantes, la competitividad económica y el respeto por el entorno. Andalucía, con su diversidad geográfica y su potente tejido económico, tiene ante sí la oportunidad de liderar un modelo urbano que conjugue progreso y equilibrio medioambiental.

Ser productivas y sostenibles: el gran reto de las ciudades andaluzas

En pleno siglo XXI, las ciudades andaluzas se enfrentan a un desafío crucial: lograr un equilibrio entre productividad y sostenibilidad. Este binomio, lejos de ser una utopía, se presenta como la clave para construir territorios más resilientes, inclusivos y prósperos. Andalucía, con su diversidad geográfica, riqueza cultural y potencial económico, tiene ante sí la oportunidad de liderar un modelo urbano que combine desarrollo económico con respeto medioambiental y cohesión social.

Conectividad e infraestructuras: el motor del cambio

Andalucía cuenta con más de 17.000 kilómetros de carreteras, 4 aeropuertos internacionales y una red ferroviaria que incluye más de 1.000 kilómetros de líneas de alta velocidad, conectando ciudades clave como Sevilla, Málaga y Córdoba. El Puerto de Algeciras, uno de los más importantes de Europa, mueve más de 100 millones de toneladas anuales, lo que lo convierte en un nodo logístico esencial para el comercio internacional.

La conectividad y las infraestructuras constituyen la savia que nutre y articula el crecimiento de las ciudades productivas. No se trata únicamente de carreteras, puertos o redes digitales, sino de un entramado inteligente que permite que las ideas, las personas y los bienes fluyan con agilidad. Las ciudades andaluzas que han apostado por infraestructuras sólidas y progresivas han logrado posicionarse como polos de atracción empresarial, generando entornos propicios para la innovación, la inversión y el empleo.

La triple palanca: crecimiento, cohesión y competitividad

El Producto Interior Bruto (PIB) andaluz crecerá un 3,0% en 2025, por encima de la media nacional. La industria representa el 10,5% del Valor Añadido Bruto (VAB) regional, mientras que el sector servicios —incluido el turismo— supera el 70%. La tasa de empleo alcanza el 62,8%, con una mejora progresiva en la contratación femenina. Además, el gasto en innovación empresarial se sitúa en el 0,74% del PIB, reflejando un compromiso creciente con la competitividad.

El éxito urbano no se mide solo en cifras macroeconómicas, sino en la capacidad de las ciudades para activar tres palancas fundamentales: crecimiento económico, que permite generar empleo de calidad y atraer talento; cohesión social, que garantiza que el bienestar llegue a todos los rincones, reduciendo desigualdades y la competitividad territorial, que convierte a las ciudades en referentes dentro y fuera de España. Estas tres dimensiones, cuando se desarrollan de forma equilibrada, transforman a las ciudades en espacios vivos, dinámicos y con futuro.

Ciudades activas: generadoras de riqueza y bienestar

La agricultura andaluza, con más de 31,9% de su superficie dedicada a cultivos ecológicos, lidera la producción nacional de aceite de oliva, frutas y hortalizas. Las exportaciones agroalimentarias representan el 18,1% del PIB regional. Por otro lado, el turismo —considerado una “industria” estratégica— aporta más del 13% del PIB y genera más de 400.000 empleos directos. En 2024, Andalucía recibió más de 33 millones de visitantes, consolidando su posición como destino preferente en Europa.

Las ciudades andaluzas más activas son aquellas donde la empresa tiene un papel protagonista. Allí, el tejido productivo no solo genera empleo, sino que impulsa el progreso, mejora la calidad de vida y fortalece el vínculo entre ciudadanía y territorio. En estos entornos, la cohesión social se convierte en un valor tangible, y la despoblación —uno de los grandes retos de muchas zonas rurales— comienza a revertirse gracias a oportunidades reales de desarrollo.

Mirando hacia el futuro

El camino hacia ciudades productivas y sostenibles requiere visión estratégica, colaboración público-privada y una ciudadanía comprometida. Andalucía tiene los ingredientes necesarios para construir este modelo: talento, patrimonio, diversidad y una vocación emprendedora que no deja de crecer. Apostar por este enfoque no es solo una decisión política o económica, es una apuesta por el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Para consolidar este horizonte, será esencial reforzar la apuesta por la digitalización, la economía circular y la transición energética. Las ciudades andaluzas deben convertirse en laboratorios vivos de innovación urbana, donde se integren tecnologías limpias, movilidad sostenible y modelos de gobernanza participativa. La inversión en energías renovables —que ya representa el 52,7% de la generación eléctrica regional— y en formación especializada será clave para garantizar un desarrollo inclusivo, competitivo y respetuoso con el entorno.

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